¿Es adecuado realizar las fantasías sexuales?

¿Es infidelidad si fantaseo con otras personas que no son mi pareja?

¿Es adecuado realizar las fantasías sexuales?
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Autora: Paula Borrego. Sexóloga. Málaga

¿Es adecuado realizar las fantasías sexuales?

Ya hemos tratado con anterioridad las fantasías sexuales, sus fines y su diferencia con el deseo sexual.

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Asimismo, se ha explicado la temática y la frecuencia de estos pensamientos en la mayor parte de las personas.

En el presente artículo se tratará si es o no adecuado poner en práctica las fantasías sexuales y la manida controversia que dicta que fantasear con alguien ajeno a la pareja es un tipo de infidelidad.

¿Es adecuado poner en práctica las fantasías?

Ante esta cuestión, si la fantasía es del todo factible y se acerca más al deseo que la fantasía, la respuesta es afirmativa. Se trata de una exploración o autoconocimiento sexual. Se trata de un modo y oportunidad para conocernos a nosotros mismos y/o a nuestras parejas.

Por el contrario, si nos adherimos a la definición de fantasía como instrumento para avivar la excitación sexual, sobre todo si este elemento es recurrente, la respuesta a la cuestión cambia a ser: pues regulinchi.

Motivos para realizar o no una fantasía sexual.

El primer motivo es ser realistas y prácticos. Por lógica y sentido común, hay algunas fantasías que no pueden ser puestas en práctica. Por ejemplo: “Pues mi fantasía trascurre en Japón medieval, en un Zeppelin. Y está el Dr. Manhattan, La Masa y un cazafantasmas”. Ante casos como el citado, poner en práctica esta fantasía va a ser que no. En el caso en que se intente, la recreación del escenario y su desarrollo serán lo suficientemente complicados como para lapidar directamente la excitación sexual.

Otro motivo alude a la naturaleza y el fin de la fantasía. Es importante, por tanto, discernir si la fantasía es una elaborada ideación erótica, o alguna experiencia que nos gustaría hacer, pero no hemos tenido la oportunidad o el momento para ejecutarla. En estos casos, lo más adecuado es poner en práctica la fantasía si se nos presenta la oportunidad. Un ejemplo sería una fantasía en la que se mantienen relaciones sexuales en un jacuzzi. Obviamente, no todas las personas disponen de un jacuzzi en sus hogares y no resulta tan sencillo poner en práctica este deseo. Si surge la oportunidad, y en una escapada de fin de semana con nuestra pareja nos encontramos con un destino provisto con jacuzzi, lo más sensato y lógico es recrear la fantasía.

¿Qué pasa si hago real mi fantasía sexual?

Por el contrario, las fantasías pueden ser ideaciones elaboradas y no un simple deseo de realizar una práctica. En este sentido, cuando una ideación erótica, sobre todo si es recurrente, tiene como objetivo avivar la excitación sexual, en el momento en el que se ponga en práctica va a dejar de ser una fantasía para convertirse en un acto. Esta ideación perderá, por consiguiente, todo su valor como fantasía. Es necesario considerar que, en el momento de hacer realidad la fantasía, esta deja de serlo: lo real es antónimo de lo fantástico.

Asimismo, hay que ser consciente de que, una vez puesta en práctica, la fantasía siempre va a perder intensidad, aunque sea factible de llevar a la práctica y que ésta tenga un resultado exitoso. La fantasía surge de nuestra imaginación, en la cual todo vale y sale a la perfección y tal como deseamos, circunstancias que no ocurren en la práctica.

Del mismo modo, es posible que nuestras expectativas con respecto al ejercicio estén ajustadas a la fantasía de la que surge, por lo que serán siempre más altas que lo resultante.

Y quizás el aspecto más relevante a considerar es que, una vez puesta en práctica, la fantasía va a perder su calidad de fantasía. Es decir, si se trata de un pensamiento que se utiliza recurrentemente para la excitación sexual es muy posible que pierda este valor y nunca más se pueda utilizar para este propósito. De este modo, se debe ser consciente de que la fantasía siempre se anulará cuando se ponga en práctica.

¿Merece la pena pues, recrear la fantasía?

La respuesta dependerá, evidentemente, de las filias de cada uno y, como se ha comentado, del valor que se le otorgue a la ideación erótica.

¿Es infidelidad fantasear con alguien diferente a mi pareja?

Es frecuente que los protagonistas de la fantasía sean personas o personajes diferentes a nuestras parejas.

Son muchas las personas que se preguntan si esto es infidelidad, e incluso hay personas que directamente lo consideran como tal.

¿Es infidelidad fantasear con otra u otras personas?

La respuesta es no. A no ser que la fantasía surja por un propósito intencionado de mantener una relación sexual real con otra persona. Si no es el caso y el pensamiento tiene como única función la excitación erótica, no se trata en absoluto de infidelidad y explicamos el motivo.

Considerar el pensamiento como infidelidad es similar a creer que cuando se consume pornografía se está siendo infiel.

A pesar de que son numerosas las personas que creen que tanto la pornografía como las fantasías con personas ajenas son un modo de infidelidad, no lo es. Las personas somos seres sexuados y, por consiguiente, es normal que tengamos ideaciones eróticas, sea cual sea el contexto de éstas o sus participantes. Asimismo, es normal que nos excitemos ante contenidos sexuales o que nos parecen eróticos. Estas situaciones son signos de que nuestra sexualidad es normal.

Pensar que es infidelidad fantasear con otra persona es absurdo

La idea de que nuestra pareja nos está siendo infiel por el consumo de pornografía o por fantasear con otras personas no solo es absurdo, sino un signo de inseguridad y/o inmadurez o falta de conocimiento con respecto a la sexualidad. Que nuestra pareja se excite con algo ajeno a nosotros no significa que nosotros no le excitemos o que nos quiera menos. Hay que considerar que únicamente es infidelidad cuando existe una conducta, es decir, cuando se ha ejecutado el acto sexual con otra u otras personas. No existe la infidelidad de pensamiento, sólo existe la infidelidad de acción.

Este tipo de creencias se deben a la falta de educación sexual que conlleva la creación de mitos y falsas creencias sobre la materia.

Desgraciadamente esta falta de educación sexual acarrea problemas sexuales que afortunadamente cada vez se consultan más con un sexólogo o sexóloga.

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