El apego en la edad adulta

Tipos de apego en los adultos

El apego en la edad adulta
El apego en la edad adulta

En este artículo abordaremos el apego en la edad adulta. En artículos anteriores hemos tratado el tema de los apegos, así como los tipos de apegos infantiles.

Si quieres conocer más sobre los apegos, visita el siguiente enlace:

De este modo, sabemos que el apego se comienza a conformar en la infancia y que perdura toda la vida. En este artículo veremos los diferentes estilos de apego en la edad adulta.

El apego en la edad adulta. Evolución del apego

El apego comienza en edades tempranas y es el vínculo que el niño afianza con sus cuidadores.

Pero este apego no se queda en la niñez, ni permanece intacto. Conforme la persona va creciendo, sus apegos van cambiando y no se centran en sus cuidadores, sino en todas aquellas personas con las que establece un vínculo emocional.

El tipo de vínculo emocional que establecemos con el resto de las personas está muy influenciado por nuestro primer vínculo de apego en la niñez.

De este modo, la forma del vínculo, y lo adecuado que sea, va a depender de nuestros vínculos infantiles.

Tipos de apegos en los adultos

El apego adulto no es similar al apego infantil. En la infancia, el apego correspondía a una necesidad de supervivencia y, en la edad adulta, es lo que nos mantiene unidos al resto de las personas con las que interactuamos.

Esto provoca que los vínculos de apego infantil vayan a ser diferentes a los adultos.

En adultos se distinguen tres clases básicas de apego: apego seguro, evitativo y ambivalente.

1. Apego seguro.

Este tipo de apego es el más habitual. Se trata de una relación por la cual no existe una gran preocupación por el abandono. El hecho de perder una amistad o una ruptura amorosa resulta doloroso y causa mucha tristeza, pero estas emociones son normales y entran dentro del apego seguro.

Este tipo de apego se caracteriza por establecer relaciones de confianza, comodidad y equitativas con otras personas.

Las personas con un apego seguro aportan afecto y lo reciben. Asimismo, tiene estabilidad en sus relaciones, las cuales son positivas y son independientes emocionalmente.

2. Apego evitativo.

Se trata de un estilo de apego por el cual una persona va a mostrar mucha desconfianza al entablar relación con otras.

Estas personas suelen sentirse incómodas dentro de una relación íntima y manifiestan miedo al compromiso (sea o no consciente).

En este sentido, estas personas se comportan entablando amistades solo superficiales con los demás. Es frecuente que personas poco sociables o frías presenten este estilo de apego.

3. Apego ambivalente.

Se trata de un tipo de apego por el que la persona se relaciona de modo no equitativo con el resto. Esto suele representarse como relaciones no equitativas en las que la persona depende emocionalmente de otras.

Esta dependencia emocional puede también conllevar que la persona con este estilo de apego espere que el otro le corresponda del mismo modo, pudiéndose producir maltrato psicológico, celos u otros problemas relacionales.

El apego ambivalente lo presentan aquellas personas con una muy baja autoestima, que se sienten inseguras en sus relaciones y a las que les asusta tremendamente perderlas.

Son relaciones de dependencia hacia el otro en las que, en el caso de producirse una ruptura, no es aceptada o resulta en extremo dolorosa.

¿Se mantiene el apego?

El apego infantil no se mantiene a lo largo de la vida, pero sí influye en gran modo en el desarrollo de los apegos en la adultez.

De este modo, una persona entabla diferentes relaciones con los demás a través de su ciclo de vida. Estas relaciones son diferentes y sus tipos de apego pueden cambiar con unas y con otras.

Así, es posible que un niño con un tipo de apego evitativo presente un apego seguro en su adultez. En este caso, se habría producido una maduración en la gestión emocional de la persona.

No obstante, nuestras primeras experiencias vitales son las que más van a influir en el modo en el que desarrollemos una u otra clase de apegos.

¿Es posible cambiar el apego adulto?

El estilo de apego no es inamovible. Este puede cambiarse hacia uno más saludable, que permita entablar relaciones más positivas con los demás.

Un estilo de apego inadecuado puede repercutir en la vida de la persona que lo presenta y, por consiguiente, en su felicidad.

Los apoyos familiares y sociales son un pilar importante para nuestro bienestar y para superar determinadas condiciones, como la depresión y la ansiedad. Si estas relaciones no son adecuadas, una persona va a ser más vulnerable a que le afecten los problemas en general y a sentir malestar en particular.

De este modo, un estilo de apego evitativo impide que la persona entable relaciones amistosas o de pareja de modo normal. Esto provoca que las habilidades relacionales que esta persona presenta sean bajas, y esto puede afectar a su autoestima y a su estado de ánimo. Tener un estilo de apego evitativo no significa que esta persona sea incapaz de amar, sino que le es imposible hacerlo por miedos asociados a la ruptura, separación o abandono.

Asimismo, un estilo de apego ambivalente puede ocasionar relaciones destructivas. En este sentido, la persona con este estilo de apego puede presentar una gran dependencia con otra u otras personas. El tipo de relaciones que se entablan no conducen a la felicidad, sino a la continua preocupación por el otro, ya sea de modo pasivo o activo. Este tipo de personas suelen tener una personalidad victimista y pueden llegar a pensar que no son merecedoras del resto de las personas con las que se vinculan. Esto se puede traducir en relaciones sumisas y de gran subordinación hacia el otro. Asimismo, este tipo de apego puede tener el lado contrario, mostrando las personas actitudes de posesión y celos. Esto ocurre porque en este estilo de apego prima la inseguridad con respecto a la relación y existe un tremendo miedo a perderla. Muchas situaciones de maltrato en pareja son ocasionadas por este estilo de apego en uno de los componentes o en ambos.

El apego es susceptible al cambio. Es importante, pues, que identifiquemos si nuestros estilos de apego no son funcionales, con el fin de cambiarlos y poder tener relaciones más felices con los demás. Para ello, además, se puede acudir a un profesional que proponga estrategias de gestión del apego.


Psicodifusión es editada por los psicólogos Paula Borrego y Juan Miguel Enamorado

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